Hoy os traigo un souvenir. Un recuerdo de otro tiempo donde las cosas eran más sencillas y gran parte de la diversión cuando nos conectábamos a internet era la de tener conversaciones con otras personas, directamente, sin filtros intermedios. Lamentablemente ya no vivimos en ese mundo, pues hemos pasado de estar todos en el mismo tablero a ser relegados a un segundo plano. Y una gran parte de esto viene por el diseño actual de las redes sociales. Pensad por un momento en la que más utilicéis. Todo en ello está preparado para que seas un espectador más. Puedes leer el feed, puedes pasar stories, puedes ver otro reel más, pero todo está pensado para que la comunicación sea prácticamente unidireccional, del emisor hacia la audiencia.
Sobre el contenido en cuestión, fotos y vídeos cortos estimulan sobremanera nuestro cerebro de primate, que se puede pasar horas consumiendo casi sin percibirlo. Y nuestra capacidad de atención y de disfrute yéndose al traste. Seguramente nos os sorprenda saber que ya hay estudios que hablan de los perjuicios que esto está trayendo a los mecanismos de recompensa del cerebro y la anhedonia que cada vez afecta a más gente.
Si nos fijamos en la parte más social del asunto deberíamos llevar la atención a la sección de comentarios que todas estas redes sociales suelen tener. De entrada se nos presenta casi siempre semioculta, y una vez entramos descubrimos nuevos horrores sintéticos: el algoritmo los ha ordenado para resaltar los más polémicos y varias IAs trabajan sin descanso para hacer comentarios automáticos, escritos con precisión para causar las reacciones del público e inflar artificialmente la relevancia del contenido en cuestión. Esto produce dos efectos: habrá una parte del público a la que repela y decida no participar de modo alguno y por el contrario habrá gente que entre al trapo y acabe gastando una buena parte de su tiempo discutiendo o bien con un bot o bien con alguien que en realidad no desea tener un debate sino generar cierta cantidad de ruido y polémica.
Tampoco nos llevemos a engaño: tontos y brutos han existido en internet desde tiempos pretéritos. La diferencia es que hoy en día el sistema está diseñado para expulsar a mucha gente de la conversación y darle el escenario principal a lo mejor de cada casa. En algún momento algo se torció y acabamos trayendo a internet las formas de la telebasura pero aumentadas por mil.
Es por esto que, a modo de experimento, he decidido construir el souvenir del que os hablaba al principio. Se trata de un chat a la usanza de los que proliferaban a finales de los 90 y principios de los 2000. Lo califico de souvenir porque estas redes siguen existiendo y se siguen utilizando (me incluyo), sólo que en menor número y lo que os presento sería una versión en miniatura de esto. Esta recreación funciona de verdad y los únicos propósitos que quiero conseguir son, por un lado, entretener durante un rato a los nostálgicos y por otro lado despertar el interés de quien tenga curiosidad por conocer que otro internet fue posible.
Respecto al diseño, no me he podido resistir volver a traer un entorno a lo Windows 98, que a servidor de ustedes le parece una de las cumbres del diseño de interfaces de usuario. Las funcionalidades son las básicas que se esperarían de un chat de este tipo, con canales públicos y conversaciones privadas. No hay nada más, ni bots, ni emojis, ni gifs, ni nada de eso. Sólo texto. Por no haber no hay ni registro de usuarios. Esto es un experimento y como tal voy a dejar que fluya. Y para ser fiel al estilo retro, se ve mejor desde un ordenador que desde un móvil.
Lo he enlazado varias veces en el artículo, pero para hacerlo más explícito podéis entrar desde aquí: QuietNet Chat.
No diréis que os tengo saturados, que van a hacer casi 3 años desde el último artículo. Seguiré publicando cuando Dios me de a entender, claro está.